
Nacida en 1971 en París, vive y trabaja en París.
Nacionalidad alemana y francesa
En la obra de Anne-Catherine Becker-Echivard, el pez esconde la humanidad con el mismo título que el árbol el bosque. La elección del pez no es un azar. Animal sin pelos, no tiene nada que se nos parezca y su muerte es tanto más extraña para nosotros. He aquí un animal para el cual podemos tener de afecto por la razón simple sólo su medio natural es diferente del nuestro.
Cuando se cruza, cuando murió, cuando es viviente y a menudo en digestión plena.
Anne-Catherine utiliza a la muerte del pez para hacer viva la humanidad en un juego de papel inhabitual pero con el viejo principio de la fábula. Porque hay en esta obra tanto de Fontaine como Granville, el humor en más.
La verdad está en el gusto de la puesta en escena. En este teatro íntimo, el artista es a la vez autor, escenógrafo, actor, sastre de teatros, decorador y fotógrafo de bandeja(plató). En realidad es el dueño absoluto de su universo y, como tal, sufre todas las alegrías pero también todas transformaciones. Libre y solitario se pone, en cierto modo, toda la humanidad sobre la boca.
Devolver vida (herencia de los Dioses) implica una percepción aguda de las cosas, una mirada horadante de lechuza diurna pero también de la humildad cuando se trata de comprender todas estas pequeñas bagatelas que son nuestras grandes manías. Lo que nos dicen estas fotos es que todo es primero una acumulación de detalles. Como si la vida comenzaba con una suma de atenciones, con cruzamientos de miradas, con algunos brazos tensos.
Sonreír delante de una obra ya es aceptarlo.En esta trampa, somos las víctimas consentidoras. Aquí el deleite pasa antes de la razón.
Anne-Catherine tiene como bello esconderse detrás del pez y el pez, pobre diablo, esconderse bajo su gorro,desnudada en su propia red, tomado en la trampa como Jesús, comiendo el pez que es su propio símbolo.











































































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