
- En 1962, Bert Stern era un personaje de la fotografía neoyorquina, se había hecho famoso a mediados de los ´50 como fotógrafo publicitario, al tomar una de las imágenes más premiadas de entonces, para un aviso de vodka Smirnoff mostró una copa apoyada sobre la arenasobre la cual se reflejaba la pirámide egipcia de Giza. El impacto de esta fotos incrementó la venta de la bebida y los publicistas consideraron que Stern había encontrado una fórmula para atrapar a los consumidores. Así en 1959, ingresa a la revista Vogue. El proposito de él, era lograr la foto "suprema", aquella que se convirtiese en ícono, tal como lo habían logrado Cecil Beaton o Host P. Host. Su oportunidad se presentó, en 1962 y por causas que ni siquiera hubiese imaginado, sus fotos hicieron historia.
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-EL PRIMER ENCUENTRO-

- El primer encuentro entre fotógrafo y celebridad tuvo lugar en el mes de Junio en el hotel Bel Air de Los Ángeles y por poco no se concreta. La cita era a las dos de la tarde y Marilyn llegó cinco horas después. Stern había instalado el estudio en una suite, y llevó bufandas y collares para la producción con el proposito de lograr su objetivo más importante: fotografiarla desnuda, "vestida" sólo con accesorios. Como gran aliado, junto con sus cámaras llevó una caja de Dom Perignon cosecha 1953, el champán preferido de Monroe según había investigago. Y stern consiguió lo que quería. Luego de siete horas de trabajo (y de varias botellas vacías), su bolso estaba repleto de rollos en blanco y negro, con ella semidesnuda, sólo adornada con bijouterie o chales transparentes.
















-EL SEGUNDO ENCUENTRO-
- Por ese entonces Vogue estaba en medio de una transición editorial y convivían el estilo conservador impuest por la directora Jessica Daves con la visión audaz y poco convencional de la que iba a ser su reemplazante, Diana Vreeland, quizá la editora más revolucionaria que tuvo la revista. Tanto ellas como Alexander Liberman, director de Arte por muchos años, quedaron entusiasmados con las tomas, pero Daves impuso su criterio: "Me encantan. pero son muy atrevidas para nuestras revista, cuya misión es mostrar moda y no cuerpos desnudos, por más atractivos y famosos que sean". Así fue que como se decidió realizar una nueva producción con la actríz. Esta vez, en el mes de Julio y en el mismo hotel. Pero esta vez, además, con un montón de ropa para las fotos: un abrigo de piel de chinchilla que llegaba al suelo, muchos vestidos negros, guantes largos de lentejuelas, sombreros y velos y collares de perlas. Y para esta vez, Stern había llevado lo suyo, al Dom Perignon del primer encuentro le agregó una caja de Chateau Lafite-Rothschild, otro de los vinos preferidos de Marilyn. Monroe y Stern volvieron a trabajar hasta la madrugada. Como broche final de la producción hicieron una foto a modo de despedida en la cual, al lado de varias botellas vacías, posaron juntos en una cama y frente a un espejo. "Después de un rato en esa segunda sesión- recuerda Bert- Marilyn dijo: "¿No podemos volver a hacer lo que hicimos el primer día?". Allí fue que hicimos las fotos de ella en la cama. A esa altura, ya estaba muy borracha".



- Marilyn pidió ver las fotos de las dos producciones y algunas las devolvió con cortes o marcadas con una cruz roja como señal de que no quería que fuesen publicadas. En ese momento en que la revista estaba en impresión se conoció la noticia de su suicidio.


















































































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En la sesión se puede ver una terrible cicatriz en su costado derecho, resultado de una reciente operación de vesícula, y sobre esto recuerda la siguiente conversación: "¿Y mi cicatriz?", pregunta la actriz al fotógrafo. "No sabía que tuviera una cicatriz. ¿Cómo se la hizo?, responde.
"Me sacaron la vesícula biliar hace poco más de un mes. ¿Cree que la cicatriz se verá?, decía Marilyn, a lo que Stern le aseguraba: "Sí, se ve, siempre se podrá borrar retocando". Aunque no cumplió su promesa y ahora se puede ver al mito convertido en un ser humano normal y corriente.
Stern también recuerda los primeros minutos de la sesión: "Toda nuestra atención se concentra en las tomas. Bebemos champán. Es difícil, muy difícil, porque ella no está quieta ni un momento. Mariposea. Es un fuego fatuo, tan inasible como el pensamiento, tan vivo como la luz que acaricia su cuerpo. Es una ilusión."
Una vez terminada la sesión, Bert Stern recuerda: "Son casi las siete de la mañana. han pasado doce horas. Mientras ella vuelve a vestirse, guardo los carretes de película. Me dice adiós en voz baja y se va. Yo me quedo ahí plantado, como un amante aturullado".
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